lunes, 27 de diciembre de 2010

Abel

I Acto
Ella se murió del susto, literalmente. Un paro cardiaco causado por la impresión de las imagenes transmitidas en el televisor la dejaron en el piso de inso facto. Su espíritu se desdoblaba lentamente (separarse de un cuerpo al que se ha estado atado tantos años duele, gritos que en esta dimensión ya no pueden ser oídos), o lo que quedaba de él, el orgullo tenía años carcomiendoselo, la vieja coraza de los ojos altivos. Orgullosa, de su apellido consorte, de su esposo, de sus hijos, no de los difuntos que caminan por allí, pero sí de los vivos. 

II Acto
Allí estaba sentada, en el ultimo banco del terminal, con las lágrimas manchadas de rimel, no podía creerlo que después de todo, su mamá tenía razón, Abel la había dejado plantada, sin batería en el celular, sin saldo, sin dinero, sin boleto, sin viaje, sin ...; se las había jugado todas por el, "el puede llamarse como tú", que estúpida frase, que estúpida ella. La luz neón titilaba, era obvio que no llegaría, "no estoy listo para esto", estúpida respuesta, estúpidos todos. Un hombre se sentó a su lado, "¿A donde vas?", ella no respondió, "no hables con extraños Maia" retumbaba la voz de su madre en su cabeza, "Vamos niña, tengo carro, ya son casi las dos de la mañana, es peligroso que te quedes sola", "Valencia" resoplo entre dientes, "perfecto, yo paso por allí, vamos, no tienes nada que perder", él tenía razón, "no hables con extraños Maia", se fue detrás de el, la luz de neón siguió titilando.

III Acto
Eran las tres de la mañana, Bruno y Norma iban en el carro del canal, el camarografo, ella reportera, habían tenido que ir a transmitir una noticia en otra ciudad, y todo hubiese sido perfecto si la ex de Bruno no hubiese llamado justo en el momento,  ese tipo de relaciones turbias e impenetrables que parecen nunca terminar, ese tipo de llamadas que pueden arruinarlo todo. El silencio era incomodo, Norma se abotonaba la camisa, se había prometido que nunca más pasaría por tonta, pero allí estaba. La autopista sin luz, los nervios, la hora, de nuevo el silencio gritándole cosas en la cara, y ese algo que no pudieron ver, los saco de la autopista. Ella comenzo a llorar, el salió a ver los daños, prendió la linterna, y vio horrorisado unos segundos, el cuerpo descuartizado, luego se calmo y fue a buscar la cámara, "vamos Norma, limpiate la cara, tenemos una noticia que cubrir".

viernes, 3 de diciembre de 2010

Aylemar

Estaba sentada en la silla de mimbre, intentando leer los clasificados en el periódico, pero Lidia no dejaba de repetir que extrañaba a papá, yo también lo extraño, siempre, pero a veces creo que solo lo hace para llamar la atención, aunque sea para que le pida que se calle. No la culpo, todo fue demasiado repentino, yo aún no asimilo bien nada de lo que paso, y no puedo esperar más de ella que apenas tiene cinco años, ni siquiera se imagina que somos pobres, es horrible admitirlo, pero cuando pasas de una casa de seiscientos metros cuadrados, a un apartamento de escazos 80 metros, en el centro de alguna ciudad de camino, sin saber siquiera la razón, no queda otra que deducirlo, somos pobres, yo lo se, mamá lo sabe también, y por eso que estamos aquí.
Solo tenemos una semana y ya lo odio, odio este edificio viejo, y sus horribles habitantes, sobre todo el muchacho que vive en el piso de abajo, con su mirada "profunda" y su cabello grasoso; extraño terriblemente todo de lo fui arrebatada, porque todo sigue allá en casa, donde eramos una familia, porque ya no se que somos.
Estaba sentada en la silla de mimbre. Lidia se distrajo buscando un cotejo que había entrado por la ventana. Finalmente pude leer los clasificados del periódico, no se bien que buscaba, tal vez un trabajo en un café, o en una videotienda, o simplemente divertirme leyendo algunas estupideces que publica la gente, todos se tornaban aburridos y uniformes, como la ciudad, toscos y mal escritos, como posiblemente lo eran sus vidas. Pero hubo uno que llamo mi atención:
Aylemar Kadar. Solicita personal para la Librería Itaca. Llamar al 2396745. Dirección: Calle 3, de la Avenida Andrés Bello. Frente al café danés.
 
Aylemar Kadar es mi nombre, me impresiono que pudiéramos haber dos, con el mismo nombre y apellido exactamente, no es como María, o Pedro, Aylemar es el nombre de mi mamá al revés con una r al final, y mi papá es húngaro por eso el Kadar, no es un nombre genérico que se tropieza por allí todos los días, era una casualidad terrible, así lo definí, y no se sí fue el aburrimiento de estar dentro de aquellas cuatro paredes, o la simple curiosidad de saber que no era la única Aylemar Kadar en el mundo, pero era un plan mucho mejor que estar adherida a la silla quemando mis neuronas. Salí del apartamento, eran las cuatro de la tarde, pregunte al vigilante donde quedaba la Librería Itaca, era una ciudad pequeña, no es muy difícil saber donde esta todo, y todos.

Camine justo como a donde me indico el vigilante, pero era demasiado tarde, la Librería estaba cerrada, comenzaba anochecer, la verdad es que nunca había caminando tanto, y menos sola, pero el café seguía abierto, al entrar me tropecé con una muchacha de mi altura, con las cejas gruesas y una bufanda anaranjada, casi me mancho con su jugo, pero la esquive, y entre al local. No recuerdo que pedí, pero pregunte por Aylemar Kadar.

-Acaba de salir de aquí, es la muchacha de la bufanda anaranjada, pero tranquila, mañana abre a las nueve de la mañana...- Dijo el muchacho de la caja.

No escuche lo que termino de decir, salí a buscarla, estaba al final de la cuadra, ya era de noche, pero no me importo, no me acerque demasiado, no quería asustarla, ignore el miedo a la noche, al horrible centro, y la seguí.

Otra coincidencia que me alivio en mi aventura, es que al parecer vivía cerca de mi casa,
sonreí pensando en lo gracioso que era todo esto, no esperaba para poder hablar con la otra versión de mi misma, me sorprendí cuando la vi entrar al Edificio donde vivía, apure el paso, si tenía suerte podía hablar con ella en el ascensor, que era mucho más casual y normal, que seguirla por toda la ciudad.

Pero cuando entre se estaba cerrando la puerta, vi el piso que marco, 7, igual que yo. Jamás entenderé al destino.

Llegó el muchacho del piso 6, con su cabello y sus audifonos, entramos en el ascensor, hablo de cosas que no escuche, algo de un concierto y de un grupo de sus amigos, me limite a asentir con la cabeza y mirar la mala imitación de parque que tenía el ascensor.

Me rendí, eran cinco apartamentos por piso, no tocaría cada uno preguntando por Aylemar, era demasiado, igual ella estaría en la Librería o podía preguntar otro día por ella. Toque la puerta de mi casa, solo teníamos un juego de llaves. Tardo un poco, toque de nuevo. Mamá abrió la puerta sin abrir la reja y me miro de arriba a abajo.

-¿Qué tengo mamá? Abre por favor tengo que ir al baño- le replique molesta.

-¡Aylemar!- gritó mirando hacia la habitación.

De allí salió Lidia en brazos de la muchacha de la Librería, mi hermana tenía la bufanda anaranjada puesta, y Aylemar me miraba extrañada.

-Debe ser una amiga tuya, que por cierto no tiene modales- dijo mamá mirando la otra versión de mi.

martes, 30 de noviembre de 2010

Una Historia para Mavi

Regresar

Soñamos que era cierto, lo deseamos con tantas fuerzas que por un momento casi fue real; seguimos caminando, mis pies estaban cansados del camino, y se que los tuyos tambien, pero desicidimos seguir, hasta llegar de nuevo.

Según el mapa, ya solo faltaban unos cincuenta kilometros; cerrar los ojos era como verlos de nuevo, abrazarlos, y juro que a veces podía oír sus voces, ¿Por qué los dejamos solos?, esa pregunta seguía carcomiendo la poca cordura que me quedaba, ¿Estarán bien?, ¿Podrán recordarnos? El viaje se extendio más de lo que pensabamos, y a veces te culpe, y a veces me culpe, pero no importaba; cipreses, abetos, cedros , todos multiplicados, todos negros, todos nos seguían impidiendo salir, o eras tú, ya no lo recuerdo.

Esa noche prendiste una fogata, como todas las noches, y nos quedamos en silencio, las copas de los árboles atrapaban el aullido del viento, estaba a punto de dormirme, pero tu voz suave y lejana me despertó:

-Sabes- dijiste mirando la fogata- a veces no los recuerdo.

-Son tus hijos, ¿Cómo no?- respondí sin verte.

-Sólo recuerdo estar aqui, y busco en cada espacio de mi memoria, pero sólo esta el bosque, la fogata, y a veces tambien estas tu. Dime tu que siempre los sueñas, que siempre me hablas de ellos, dime Danielle ¿Cómo son nuestros hijos?

Me senti ofendida por un momento, pense que bromeabas, o que el frio que te había mareado un poco, que simplemente estabas agotado, yo tambien lo estaba, aún lo estoy; pero todo comenzo a ser confuso cuando iba a pronunciar sus nombres, nada, sus ojos, sus manos, nada, cerré los ojos, intente escuchar sus voces de nuevo, intente siquiera recordar el día antes de venir al bosque, pero mi mente simplemente no podía recordar algo de todo aquello que me era tan familiar, tan real.

-¡Son reales! ¡Tanto como tu y yo! ¡Tanto como este horrible bosque! -Grité, estaba alterada, tenía miedo, pavor de que tuvieses la razón- ¿Dónde esta el mapa? sigamos caminando, ya es tiempo de volver a casa, y verás que todo es cierto.

-¿Cúal mapa?- seguías sin verme.

-¿Botaste el mapa? No importa, sólo faltan 50 kilomentos, pronto llegaremos a casa. ¡Parate! Los niños nos necesitan.

Comenze a llorar, a patear el piso y a maldecir al bosque, a ti; pero te acercaste, me rodeaste con tus brazos como siempre lo haces, hasta que de nuevo todo quedo en silencio, y luego susurraste:

-Tranquila Danielle, si tienes razón, mañana caminaremos hasta que no podamos respirar; si yo tengo razón, quizás mañana no tengamos hijos, sino perros, y a ellos tambien los podrás extrañar.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Y los sueños, sueños son.

                                Pedro Calderon de la Barca

In the Rain

It´s a bote going to nowhere, running, dancing in the rain above this shinny sea, and the little capitan with his open arms is looking for something he doesn´t lose yet. Would you please tell me when this travel ends? We lose the way a few days ago. Let this bote go across the road  that the moon is singing for us. Nymphs hide in your memories, those who you never lived in Delphi. So you better let the monster stay quiet, swimming under your feets, taking the golden fishes with his teeth.


Es un bote yendo a ningún lugar, corriendo, danzando bajo la lluvia sobre este mar brillante, y el pequeño capitan con su brazos abiertos en busca de algo que aún no ha perdido. ¿Podrías decirme cuando este viaje termine? Perdimos el camino hace unos dias. Deja a este bote ir a traves del camino que la luna esta cantando para nosotros.  Las ninfas se enconden en tus recuerdos, esos que nunca viviste en Delfos. Asi que es mejor que dejes al mounstro estar tranquilo, nadando bajo tus pies,  tomando los peces dorados con sus dientes.

sábado, 30 de octubre de 2010

Blanco, verde y un poco de café

Ella cruzó la calle, se veía molesta y agotada, quizás era la falda, desde mi silla en el café se veía ajustada, le llegaba a la cintura y el primer botón parecía una bomba de tiempo, siempre a punto de estallar. Grito unas cosas en un idioma que yo no podía entender, sus rasgos la delataban, de seguro era italiana, o europea para generalizar, con la nariz prominente y los ojos verdes, tocó la puerta mientras seguía gritando, un joven de rulos le abrió la puerta, miró a todos lados antes de cerrarla.
Había dejado una bolsa frente a la casa, me iba a levantar a llevársela, tengo ese complejo fanfarrón de creerme caballero, de tener esos actos gentiles con las mujeres y conseguir sus sonrisas y gestos de aprobación, me gusta pensarme como una especie de héroe cotidiano; pero era muy tarde, la muchacha había salido, tomó de nuevo su bolsa y se fue, la seguí con la mirada hasta que se perdió cruzando tres cuadras.
Dos días después volvió, yo estaba comiendo, sentado donde siempre, en mi tiempo de almuerzo, esta vez sólo toco la puerta, el mismo muchacho abrió, lo abrazo enfáticamente y lo beso, estaba sorprendido, hace tan sólo dos tardes lo había tratado con total indiferencia, entraron, duro más de dos horas, lo sé porque me quede a esperar que saliera, no pude evitarlo, la curiosidad me dejó pegado a la silla, y me fue imposible resistirme; hasta el momento que salió pensé en las posibilidades: quizás eran amantes, quizás ella era prostituta, quizás solo eran amigos y esa la forma de saludarse, la última fue la más estúpida de todas mis ideas, por eso la deseche al instante, también pensé en otras pero eran igual de bobas que la ultima.
Así durante un mes, todas las tardes a la hora del almuerzo llegaba la muchacha, nunca más grito, sólo tocaba la puerta dos veces y luego una vez más, era una especie de código secreto que tenían, que sin saberlo lo compartían conmigo. Todas las ventanas tenían cortinas oscuras, por eso me fue imposible saber que era lo que realmente pasaba, todo se quedaba en mis conclusiones imprecisas y luego detrás de la puerta. Una tarde hubo muchos gritos, sonaron cosas que eran arrojadas de un lado a otro, todas desde la ventana derecha del segundo piso, me preocupe un poco y estuve a punto de pararme, pero de nuevo, era muy tarde, salió Julia, como la nombre creo que en la quinta tarde, estaba llorando y con el labio roto,  susurraba cosas, se perdía en el camino.
Pensé que nunca mas volvería, la extrañe durante cuatro días, cuatro largos días que no vi sus ojos y sus vestidos ajustados. El día después del incidente descubrí que la ventana lateral a la calle no tenía cortinas, no las necesitaba, daba con una calle angostisima que tenía en frente un edificio corrido, además quedaba en un segundo piso. Al tercer día puse una escalera al lado de la ventana, no me pregunten como nadie me vio, o como nadie dijo nada, quizás es porque están todos tan acostumbrados a mí que ya soy parte del paisaje, tenía que estar preparado para cuando ella volviera, tenía que saber que realmente ocurría y así tal vez dejaría de pensar en ellos. Al quinto día volvió, con un vestido a rayas verdes y blancas, con una pequeña cicatriz en el labio, toco de nuevo la puerta, y el muchacho moreno volvió a abrir. Sin pensarlo me acerque a la escalera, subí lentamente para no hacer ruido, y allí estaban besándose frente a la cama, el le agarraba el vestido y le susurraba cosas que la hacían sonreír, pero de pronto miro a la ventana, entonces sus ojos verdes destellaron furia, soltó al muchacho y me miró fijamente, baje sin pensarlo, comencé a caminar y Julia me alcanzó.
-¿Fue mi marido verdad? ¿Fue él, te pidio que me vigilarás no es cierto?- me grito la muchacha mirándome penetrante y tomando mi brazo fuertemente- ¡Responde imbecil!

-No se quien su esposo, disculpe- me encerré en mi mismo, ¿Qué debía decirle, que desde el primer día la estuve mirando, esperando siempre su salida, que me conocía todos su vestidos y sus siluetas?
Me solté como pude, y seguí caminando, no volteé a verla, pero se quedo allí gritándome cosas de nuevo en ese idioma extranjero hasta que su voz se convirtió en un eco, y el eco en recuerdo. Llegue a mi casa, eran las cinco de la tarde, abrí una botella de vino y me quite los zapatos, necesitaba un descanso para todo el estruendo de hoy, decidí no volver más al Café danés, pensé en su voz y en lo tonto que había sido al subir esa escalera, entonces pensé también quizás, que existía la posibilidad de que alguien me estuviese mirando, cerré todas las ventanas y me fui a leer un rato.

viernes, 29 de octubre de 2010

Anoche

Eran las cuatro de la mañana, desperté súbitamente después de esa pesadilla en la sientes que te caes a un abismo profundo, por suerte siempre despierto antes de caer, dicen que si llegas al fondo es porque estas muerto ¿Será cierto? No lo se, pero mis piernas están dormidas como si fuese real, mi respiración entrecortada continua, mientras me siento sin hacer ruido -no quiero despertar a mi hermana- entonces mi vejiga me juega una mala pasada necesitando descargarse, preferiría hacer pipi en la papelera antes de tener que salir al baño, nuestro cuarto queda al final del pasillo y es tan oscuro, abro la puerta finalmente sin pensarlo, porque si me detengo a razonarlo no será necesario ir al baño, si saben a lo que me refiero, me gustaría correr, pero mis pisadas podrían despertar a los otros, y me regañarían juzgándome de tonta, por sentirme así ante la oscuridad, doy zancadas sigilosas con el corazón saliéndoseme por la boca, y tranco la puerta del baño, evito mirarme en el espejo a estas horas, nunca sabes que podría estar detrás de ti, ese no que, que no quiero ver.
Menos de un minuto, listo, vejiga vacía, corazón explotando en la garganta, de nuevo la odisea de cruzar el pasillo, me molesta la idea de solo abrir la puerta, como si algo me esperase, como si alguien lo hiciese. Respira profundo, piensa en los ponis, ponis que saltan una cerca, porque no me gustan las ovejas, ponis rosados, esponjosos, sonrientes, con colmillos ¿Colmillos? ¡Con miradas penetrantes que se transforman en bestias que dejan de buscar la cerca y me buscan a mi!. Okey basta de ponis, volvamos a la puerta, giro la perilla, respiro profundo y una brisa helada eriza mi piel dejándola como de gallina, “debes vencerlo, es solo un pasillo”, repito las palabras de mi madre, y me armo de valor, esta vez camino lentamente, sigo sin detenerme mirando el piso, voy por el cuadrito de ceramica numero veinte, solo faltan tres ) y entonces la puerta se abre levemente, es Diana mi hermana mayor, me imagino que también va al baño, ups acabo de recordar, no baje la cadena, bueno solo es pipi.
Quisiera ser como ella, es tan valiente, ha enfrentado con menos temor su enfermedad del que yo siento al cruzar este pasillo; cruzamos camino y sin mirarme pasa su mano por mi hombro, su mano fría y callosa, momento, Diana no tiene las manos así, miro su rostro y me quedo petrificada al ver unos ojos completamente negros , y un rostro infinitamente lleno de arrugas y verrugas con una sonrisa que no logro entender.
Y desperté, fue una pesadilla, pero esta vez solo pude abrir mis ojos, no tenia control mi cuerpo, hice inmensos esfuerzos por moverme pero fueron en vano, solo podía ver la ver la puerta que se cerraba y una sombra que tras el golpe dejaba de verse, entonces agitada volví en mi, con el corazón miles de veces más acelerado, mi hermana dormía apaciblemente en la cama, respire finalmente con calma, lo que no supe en ese momento es que Diana jamás volvería a despertar.