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Soñamos que era cierto, lo deseamos con tantas fuerzas que por un momento casi fue real; seguimos caminando, mis pies estaban cansados del camino, y se que los tuyos tambien, pero desicidimos seguir, hasta llegar de nuevo.
Según el mapa, ya solo faltaban unos cincuenta kilometros; cerrar los ojos era como verlos de nuevo, abrazarlos, y juro que a veces podía oír sus voces, ¿Por qué los dejamos solos?, esa pregunta seguía carcomiendo la poca cordura que me quedaba, ¿Estarán bien?, ¿Podrán recordarnos? El viaje se extendio más de lo que pensabamos, y a veces te culpe, y a veces me culpe, pero no importaba; cipreses, abetos, cedros , todos multiplicados, todos negros, todos nos seguían impidiendo salir, o eras tú, ya no lo recuerdo.
Esa noche prendiste una fogata, como todas las noches, y nos quedamos en silencio, las copas de los árboles atrapaban el aullido del viento, estaba a punto de dormirme, pero tu voz suave y lejana me despertó:
-Sabes- dijiste mirando la fogata- a veces no los recuerdo.
-Son tus hijos, ¿Cómo no?- respondí sin verte.
-Sólo recuerdo estar aqui, y busco en cada espacio de mi memoria, pero sólo esta el bosque, la fogata, y a veces tambien estas tu. Dime tu que siempre los sueñas, que siempre me hablas de ellos, dime Danielle ¿Cómo son nuestros hijos?
Me senti ofendida por un momento, pense que bromeabas, o que el frio que te había mareado un poco, que simplemente estabas agotado, yo tambien lo estaba, aún lo estoy; pero todo comenzo a ser confuso cuando iba a pronunciar sus nombres, nada, sus ojos, sus manos, nada, cerré los ojos, intente escuchar sus voces de nuevo, intente siquiera recordar el día antes de venir al bosque, pero mi mente simplemente no podía recordar algo de todo aquello que me era tan familiar, tan real.
-¡Son reales! ¡Tanto como tu y yo! ¡Tanto como este horrible bosque! -Grité, estaba alterada, tenía miedo, pavor de que tuvieses la razón- ¿Dónde esta el mapa? sigamos caminando, ya es tiempo de volver a casa, y verás que todo es cierto.
-¿Cúal mapa?- seguías sin verme.
-¿Botaste el mapa? No importa, sólo faltan 50 kilomentos, pronto llegaremos a casa. ¡Parate! Los niños nos necesitan.
Comenze a llorar, a patear el piso y a maldecir al bosque, a ti; pero te acercaste, me rodeaste con tus brazos como siempre lo haces, hasta que de nuevo todo quedo en silencio, y luego susurraste:
-Tranquila Danielle, si tienes razón, mañana caminaremos hasta que no podamos respirar; si yo tengo razón, quizás mañana no tengamos hijos, sino perros, y a ellos tambien los podrás extrañar.
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