jueves, 19 de mayo de 2011

Polen

Creo que ningún tiempo pasado fue mejor

Es como si se hubiese abierto una ventana al futuro, era como un sueño, pero mucho más real; millones de imposibles todos juntos, en cada estructura que se formaba a partir de sus palabras, podía ver el sonido expandirse, ramificandose y creando espacio, tiempo, en lo que era eterno; de pronto, la estructura de cada fragmento de nube, rocas, de cada árbol y cada particula de polvo, explayandose y concretandose, y aunque todo había sido creado frente a mi, era como siempre hubiese estado; átomos amontonados en realidades tan lejanas, tan vagas y al mismo tiempo, tan íntimas.

Estaba en el umbral, pero mis pies no tocaban la grama, todas las promesas recreadas frente a mi, todas gritandome que eran ciertas, reí, en el fondo siempre sabemos que hay algo más que la porquería que nos rodea, a veces somos demasiado impresionables y al mismo tiempo, la duda lo retrasa todo, como el humo en los pulmones que no nos deja correr a la velocidad que queremos, a veces somos demasiado tercos y nos conformamos con lo que vemos.

Pero ninguna de esas cosas importaba, nuestras estúpidas filosofías se quedaban cortas frente a esto, era el futuro, desplazandose frente a mi, y pude ver que lo que me espera está más allá de mis sueños, haciendolos parecer bocetos mal hechos, sueños que ahora desecho siquiera pensar en ellos; hoy ya otra vez en este pasado presente, solo quiero volver al camino antiguo, lei las paginas y quiero lo que estaba escrito.

martes, 17 de mayo de 2011

In. dependencia

¡Oh soldado de la estrella roja, corre, huye lejos antes de que sea tarde, la guerra termina, la batalla comienza, y tu, oh noble soldado, mejor pierde el paso con tu bazooka!

Ya no tienen miedo del caos, lo han creado y creen tenerlo perfectamente controlado, esta vez, ellos tomaron por sorpresa a la minoria, se rien de ella, se mofan de aquellos que una vez les hicieron bajar el rostro, no es la representación de uno, son todos; todos con los pulmones llenos de las palabras de Sieyes, de Rousseu, palabras que no entendían, pero estaban grabadas a fuego en sus mentes, enagenados de democracia y libertad; todos tiñendo las calles de gritos que se pierden entre los sonidos de las granadas que estallan contra los edificios, las plazas, el cielo,  y quizás tambien los pequeños vestigios de esperanza, ¡Oh, divino caos!

"Débiles!-gritaba el anciano amorzado- No lo ven yo he ganado", con lágrimas en sus ojos, como aquel que llora la desgracia de un hijo, el sabía la verdad, estos pequeños destellos de osadía no durarían más que la extensión de un trueno, sólo brillaban, como las estrellas, porque estaban muriendo. El lo sabía, porque con sus proyectiles los había matado, tan muertos estaban, que ahora se avasallaban contra él con sus propias palabras, lo herían con sus armas.

La ciudad arde, sus ojos se cierran para siempre, todos se revuelcan en la victoria del que pierde.